En esa prueba controlada tienes que medir el coste real, el cumplimiento de tiempos, las incidencias, el impacto en tus almacenes y la satisfacción del cliente, tanto externo como interno. Este último para mí era fundamental. Como responsable logístico, tienes que ir a la fábrica, pasar tiempo con tus carretilleros y operadores, y preguntarles qué problemas ven: si la paleta entra bien, si el contenedor es muy alto o muy bajo, etc.. No puedes diseñar una operación desde un despacho y pretender que el operario del almacén se apañe luego con los problemas. Las pruebas deben servir para evaluar si la organización en su conjunto está realmente preparada para integrar esa solución ferroviaria.
Has señalado también en alguna intervención que la colaboración entre cargadores no termina de consolidarse. ¿Qué es lo que dificulta que esa colaboración funcione de forma más estructural?
La idea es brillante sobre el papel... pero es dificilísima de llevar a la práctica. Yo lo he intentado con muchas ganas, fuerza y pasión. Pero en la realidad aparecen muchísimas barreras.
Cada empresa tiene sus prioridades, sus clientes, sus condiciones de servicio y, sobre todo, sus miedos y sus reticencias. A veces falta confianza para compartir información sensible; otras veces, si no está todo milimétricamente coordinado, un retraso de mi azúcar le descuadra su tren de la materia que transporte, y surgen los conflictos de responsabilidades e incidencias.
Para que esto funcione, no basta con sumar volúmenes de forma teórica; hay que alinear calendarios, costes y criterios de servicio. Y, sobre todo, hace falta generosidad, cierta humildad y una gobernanza externa —un "director de orquesta"— que coordine, que medie y que sea como el aceite que engrasa la relación entre ambas empresas. Existen figuras intermediarias que intentan enlazar estos intereses, pero para el gran cargador todavía no es un recurso suficientemente visible o accesible.
De tu etapa de más de dos décadas en Azucarera, ¿qué es lo que más ha cambiado tu forma de entender los proyectos logísticos que abordas ahora como consultor?
Quizá lo que más ha cambiado mi forma de ver los proyectos logísticos es que he aprendido a no pensar solo como logístico. He aprendido a escuchar atentamente a todos los que participan, de forma directa o indirecta en las operaciones, tanto de dentro como de fuera de la empresa, para entender bien el alcance y las implicaciones de la implantación de un proyecto logístico.
Puedes tener una solución muy buena sobre el papel y fracasar si no encaja con el momento de la empresa, con las prioridades de otras áreas o con la capacidad de las personas para entenderla, aceptarla y hacerla suya.
Un proyecto logístico es números, planificación, método, optimización y control. Pero también es confianza, coordinación y gestión del cambio. Funciona cuando encaja con la organización, con las personas, con sus sistemas de información, y con los objetivos y prioridades de la empresa.
Muchas veces los proyectos no fracasan por falta de herramientas, sino por falta de integración, de responsabilidades claras o de una adecuada gestión del cambio. Introducir nuevos procesos y nuevas herramientas representa casi siempre un cambio cultural. Y en los cambios culturales hay dos cosas que hay que cuidar mucho: los tiempos y las personas.
También he aprendido que la logística exige equilibrio. Hay que ser eficiente, pero también fiable. Hay que innovar, pero sin poner en riesgo la operativa. Hay que reducir costes, pero sin deteriorar el servicio. Hay que ser sostenible, pero también económicamente viable.
Esa mirada más global es la que intento aportar ahora en mi etapa como consultor, especialmente en los proyectos en los que colaboro estrechamente con operadores logísticos como ROR, donde, de hecho, estamos barajando incorporar la intermodalidad como una propuesta más dentro de las posibles soluciones de movilidad que ofrecer a los clientes.
Estoy convencido de que los operadores logísticos tendrán un papel muy relevante en el impulso del transporte ferroviario de mercancías. En mi opinión, están en una posición idónea para combinar sus flotas de camiones con alternativas ferroviarias y ofrecer a los cargadores soluciones adaptadas a las características de cada tráfico. Además, al gestionar distintos modos de transporte, pueden asegurar mejor el servicio, cubriendo posibles incidencias puntuales del tren con sus propios vehículos.