¿Qué cambios, ya sean en servicios, coordinación o infraestructuras, serían clave para que proyectos como este puedan consolidarse y crecer?
Desde nuestro punto de vista, hay tres líneas claras. La primera, seguir mejorando la fiabilidad y la flexibilidad del servicio ferroviario, adaptándolo cada vez más a lo que necesita el cliente logístico.
La segunda, avanzar en la coordinación entre todos los actores implicados —operadores, terminales, cargadores— para que todo funcione de forma más ágil.
Y la tercera, contar con infraestructuras y terminales más capilares, que acerquen el tren al cliente final y ayuden a optimizar la primera y última milla.
Además, la digitalización y la visibilidad de la cadena ferroviaria también van a ser claves para dar ese salto.
Para cerrar, de cara al futuro, ¿creéis que el mercado avanza hacia un modelo más favorable para el ferrocarril en España o siguen existiendo barreras que tardarán en superarse?
Creemos que el mercado va en la buena dirección. Hay una apuesta cada vez más clara por la sostenibilidad —que en nuestro caso forma parte de los objetivos de Mahou San Miguel como compañía— y también por la optimización de costes a largo plazo.
Aun así, todavía hay retos importantes, sobre todo en flexibilidad, capilaridad y competitividad frente a la carretera en algunos escenarios.
Nuestra visión es que el ferrocarril va a ir ganando peso poco a poco, pero dentro de un modelo claramente intermodal: no como sustituto único, sino como una pieza más dentro de una solución logística integrada.