Vuestra cadena de suministro abarca desde la recepción de materias primas hasta la exportación de producto final a más de 100 países. ¿En qué medida contempláis que el transporte ferroviario pueda jugar un papel más amplio en vuestra logística, más allá del transporte de cereal, por ejemplo, en otras materias primas o en la exportación de productos acabados?
Aparte del tema de transporte de cereal, nosotros este cereal y esta proteína vegetal la transformamos y la convertimos en proteína animal, que es nuestro producto terminado. A día de hoy, el 80% se va a exportación y gran parte de este porcentaje va a terceros países vía marítima.
Desde el año 2017, desde la zona de Aragón —tanto desde Zaragoza como desde Monzón— estamos utilizando el tren para salir hacia el puerto de Barcelona con los contenedores de carne congelada. Llevamos ya años utilizándolo y es cierto que, de los aproximadamente 9.000 contenedores reefer que movemos todos los años, unos 3.500 contenedores que viajan en tren desde nuestras bases de Aragón hacia el puerto de Barcelona.
Para finalizar, ¿qué cambios o condiciones consideras necesarios para que el sector ferroviario sea realmente competitivo frente a la carretera?
Creo que debemos aprender de la agilidad de la carretera. Este año, el transporte por carretera ha pasado de cargar 40 a 44 toneladas por unidad, lo que supone un incremento de capacidad neta de casi el 16% con los mismos medios.
En el ferrocarril deberíamos hacer un estudio similar: ver cómo, con pequeñas mejoras técnicas o normativas, podemos incrementar la capacidad de carga de los trenes. Si logramos transportar 200 toneladas más por convoy con un incremento mínimo de coste, el beneficio sería enorme. Además, necesitamos más terminales de menor extensión y más puntos de carga cercanos al consumo para evitar que el coste de la última milla en camión arruine el ahorro conseguido en el tren.