El tráfico ferroportuario, es decir, el transporte de mercancías por ferrocarril con origen o destino en un puerto marítimo, constituye uno de los principales puntos de conexión entre el transporte marítimo y las redes logísticas terrestres. Este flujo de mercancías permite enlazar directamente los tráficos portuarios con el hinterland ferroviario y es una pieza clave para el desarrollo de la intermodalidad.
En este contexto, el tráfico ferroportuario vinculado a los puertos de la red básica del Corredor Atlántico —A Coruña, Gijón, Santander, Bilbao, Sevilla, Huelva, Algeciras, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas— alcanzó en 2024 un total de 3,7 millones de toneladas transportadas por ferrocarril.
Aunque el tren mantiene todavía un peso reducido dentro del conjunto del transporte terrestre, su presencia sigue siendo relevante en determinados tráficos logísticos asociados a la actividad portuaria. En el caso de los puertos del Corredor Atlántico, la cuota ferroviaria alcanza el 1,49 % del tráfico terrestre de mercancías.






